18.3.12

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Ya nada me sorprende de vos.
Hacé lo que quieras. Soy inmune a tus pelotudeces
Todo lo voy a tomar como de quien viene.

Lo que no deja de asombrarme
lo que no entiendo
es cómo pude creerte tan cándidamente todos esos años
cómo pude quererte por tanto tiempo
cómo
¡¿cómo por dios?!
pude estar tan ciegamente enamorada…

Pero ya está, se terminó:
a partir de hoy
no habrá ni un verso más dedicado a vos.


16.2.12

Después


Y cada vez que cierro los ojos siento ese dolor desgarrador y humillante que prensó mi corazón para siempre.

No encuentro la forma de evitar que la cautela preceda cada paso, temerosa de recibir otra herida penetrante y expuesta.

El pesar acecha, hostiga, a veces petrifica.

Tu tibieza petulante me enerva.