16.2.12

Después


Y cada vez que cierro los ojos siento ese dolor desgarrador y humillante que prensó mi corazón para siempre.

No encuentro la forma de evitar que la cautela preceda cada paso, temerosa de recibir otra herida penetrante y expuesta.

El pesar acecha, hostiga, a veces petrifica.

Tu tibieza petulante me enerva.